Un agosto como tantos

Hay un momento de mi vida del cual a nadie le hablo, ni siquiera a ella que lo vivió conmigo. No es que lo olvide, no es que no lo sienta, sino que pocas veces encuentro las palabras, no es tan fácil, no lo es.

Esas palabras me encontraron hoy sin querer, entre tanta prisa, para variar leía mientras corría, pero al menos esta vez descubría que alguien escribió mucho años atrás las palabras que tantas ganas tenía de escribir, no son mías ni lo serán porque son de Jaime Sabines:

A media noche

A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo?

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer.)

Sí, existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos. Fue un agosto, como tantos otros.

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Leyendo ojos

Tengo un nuevo don, que en realidad es una maldición.

Mi historia está formada por sin motivos, sufro de una desgracia que para algunos sería un don, soy capaz de leer los ojos, puedo conocer tu pasado, tu futuro y tus pensamiento con sólo mirarte a los ojos.

Huí de casa, nadie sabe por qué, ni yo lo recuerdo. Si lo intento puedo ver que estaba al borde del precipicio, llorando por un hombre, como tantas mujeres, un día me amaba y al siguiente lo odiaba, siempre había un camino confuso entre nosotros, siempre había señales, cansada de ser usada lo enfrenté, y entonces él me prometió que todo cambiaría que estaría únicamente para mí, que viviría y moriría por mí. Fui tan feliz, dije sí, y sin querer estaba ya en otro país, buscando un nuevo destino, no me falló, simplemente llegó el adiós.

Tenía la ilusión de encontrar aquel amor del que todas hablan, tan oculto en mi historia. Siempre me pregunté ¿qué se siente que te amen en la hora más oscura y fría? ¿se puede ser sombra y luz? Nunca lo viví, nunca me visitó, decidida a negar lo que me pasaba empecé a mirar a todas las personas, hombres y mujeres, buscando ese amor, regalaba miradas a cualquiera sin importar el lugar sin palabras. Recibía miradas vacías, algunas felices, algunas enfermas, otras tan llenas de tristeza, sin nada, sin nadie, miradas cargadas de lujuria, otras cargadas de pena y de tantas excusas. Cansada, aburrida de mirar a todos, decidí quedarme sin miradas, entonces lo vi, ahí, sin saber, descubrí que podía leer los ojos.

Se me acercó distraído, nada sabía de él y de repente todo lo supe. En él descubrí tristeza, leí que yo le gustaba, me dolió su pasado, me alejaba su presente, en su futuro estaba yo. Sus ojos me abrieron todo: miedos, sueños, intenciones, pensamientos, dolores. Sobre todo dolores, dolores, esos dolores que tanto lo detenían al amarme. Me miraba, entonces lo sabía, amaba a alguien más, sin embargo me amó como a nadie, sentí amor más que nunca, así me iba de él, sin embargo siempre regresaba, me miraba, leía sus ojos, me amaba, pero sus silencios no eran como los de los demás, tenían sonido, gritaban, estaba llenos de música.

Mi maldición se asomó cuando tuve sus ojos buscando algo en mi mirada llena de lagrimas, leí que ya no me amaba, peor aún que no me amaría, lo más duro fue sobre todo que me olvidaría. Vi su secreto, sus palabras no lo decían pero sus ojos lo delataron: me iba a abandonar. Corrí sin decir nada, sin decirle que mi nombre no era Ana, sin decirle que lo amaba.

Tantos colores, tantas miradas, y al final nada. Caminé porque nunca supe hacer más nada, empecé esquivando miradas, ignorando ojos y analizando voces hasta que pasó todo, ya no leía miradas, ya no veía futuros, ni pasados, ni presentes, ni intenciones, sólo escuchaba voces, me enfocaba en los tonos, en la velocidad, en la fuerza, la maldición había terminado.

Pero todo vuelve, de una manera u otra, cinco días y seis horas atrás sucedió, aprendí a leer la voz, ahora puedo conocer tu pasado, tu futuro, tu presente y tus pensamientos con sólo escucharte.

Tengo un nuevo don, que en realidad es una maldición.

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Momento treinta y tres

Un cuadrado que encierra sentimientos, palabras, ideas. Todo y nada, un desde cuándo y un hasta dónde, sin preguntar un por qué. La sinceridad a veces esconde una mentira, aún puedes ver la verdad sin dudar de ella?

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Un año más cerca de la muerte sin estar aún preparados…

Hacer planes para el futuro
es como ir a pescar en un barranco seco;
nada sale jamás como quieres;
renuncia pues a todos tus proyectos y ambiciones.
Si has de pensar en algo, que sea
en la incertidumbre de la hora de tu muerte…

Gyalsé Rinpoché

El sonido del recuerdo

Escucho y me doy cuenta que ya no soy de este mundo.

Hace mucho algo cambió, no es una cuestión de tiempo, son las sonrisas pasadas que ya nunca están, las pocas horas de sueño que marcan que todo es real. Estuve al otro lado de esta vida contigo la noche de Navidad, tu voz me guiaba, tu mano apretando mi mano mientras me saludaba, no podía recibir mejor regalo, tu sonrisa sigue en mi cabeza sonando.

Todo está a favor y aún así llegan las lágrimas. Respiro hondo, se van todas las ideas, suspiro. Acepto que ya no estés, lo que no acepto es tu final, una injusticia para una historia tan grande como la tuya. Suspiro. Recuerdo.

Racismo en México

Los mexicanos odian a los mexicanos, y es culpa de todos

La Redonda

Estamos trabajando en un proyecto sobre fútbol llamado La Redonda, totalmente personal y de amigos, la idea surgió porque casi todos hablamos de fútbol, tenemos conocimientos del tema y no los estamos poniendo en práctica porque no existe un sitio donde podamos escribir adecuadamente nuestras opiniones.

¿Pero qué será La Redonda? En pocas palabras será un sitio donde escribiremos de fútbol algunos futboleros de corazón, sin importar los colores.

Estamos armando todo el diseño y la programación, tenemos ya ocho futboleros de corazón confirmados, seis nacionales y dos internacionales, con perspectivas bien diferentes, creo que el resultado será más que interesante.

Sólo me queda invitarlos a que se registren en www.la-redonda.com, y en cuanto estemos listos les avisamos.

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Soy Hugo Osorio…

Esta mañana me di cuenta que llevo mucho tiempo sin escribir por acá, el trabajo es la razón, cosas cambian, para bien, y todo va mejor, mucho mejor.

Sólo quería compartir mi nuevo sitio: www.hugoosorio.com, uno de mis primeros ‘pininos’ en html5 y css3, ya lleva un rato en línea así que visiten!!

soy

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Tengo mucho corazón

Soñador:
¿Qué tal que soy la reencarnación de José Alfredo?
(Grita desde el baño mientras termina de bañarse.)

Dawa
(Se hace un largo silencio.) Ja!
Soñador no la observa pero siente todo el sarcasmo posible en ese ‘ja’.

Soñador
¿O no? (Pregunta lentamente.)

Dawa
(A lo lejos.) Claro. (Subiendo el tono.) Eres idéntico! (Soñador abre más los ojos mientras Dawa sigue subiendo el tono.) Eres mujeriego, borracho y cantas muy mal, igualito, justo como él. (Dawa se ríe.)

Soñador
(Mientras sonríe.) No lo dije por eso, además él tenía una gran voz.

Ninguno agrega nada, Soñador camina hasta quedar a la orilla de la cama mientras sigue pensando que es la reencarnación de José Alfredo.

Soñador
(Murmurando.) Tengo mucho corazón, como él.